El alimento del mes... la sardina

Vocalía de alimentación del C.O.F. Córdoba

En la calidad de la carne de las sardinas influyen dos factores: el grado de frescura y la época del año en la que se degustan. Su mejor momento es el verano, cuando las sardinas presentan un mayor índice de grasa, lo que acentúa el sabor y aroma de su carne. Desde julio hasta octubre las podemos encontrar en mercados, bares, casas y como no, en playas, a la plancha, asadas, fritas rebozadas, en escabeche, en aceite, en ensalada o con tomate. Para que un plato de sardinas esté en su punto, el secreto es que sean muy frescas, y el truco es que siempre estén jugosas.

 

Las sardinas son pescados azules o grasos, y como tales, característicos de la Dieta Mediterránea. Aportan, por cada 100g de porción comestible, aproximadamente unos 10g de grasa, eso sí, grasa beneficiosa, ya que la mayor parte está formada por ácidos grasos ω-3., EPA y DHA.
Dichos ácidos grasos están relacionados con la prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares, aumentando el HDL-colesterol y reduciendo el LDL-colesterol, colesterol total y triglicéridos. Tienen también propiedades antiinflamatorias, impidiendo la producción de sustancias proinflamatorias, reducen la viscosidad de la sangre y favorecen la vasodilatación capilar y aumento de la deformabilidad de los eritrocitos.

 

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